Criaturas del Verano. Tinta 13×20

Noches de Luna Lenta

Noches de Luna Lenta

El caracol vive en su espiral y cuando parece que va a llegar, resulta que vuelve a marchar. Para luego retornar. Camino de plata por el que titubea un enamorado pendiente de su librea. Temeroso de tardar y a la vez a su cita llegar, decide ponerse a cantar:

…La luna traquetea como subida a una escalera

mientras que la noche rompe por una tonadillera

que canta al lucero su amor como cualquiera

roto por un torero que cambió de acera…

Hombre y espacio. Acrílico 40×30

Razón frente al abismo

Razón frente al abismo

Ummmpff estaba muy orgulloso de sí mismo. Como él intuía si imitaba al rayo golpeando dos piedraduras sobre un árbol seco, convocaría a ese espíritu caliente que tanto le confortaba. No cabía en si y estaba un poco chulito, Aaarrrg la maciza de la tribu no tendría más remedio que fijarse en él.

Algo cansado pues se había tirado toda la tarde intentándolo, se recostó al calor del espíritu bienhechor y levantó la mirada.

El cielo estaba cuajado de luces en movimiento, un abismo que le llamaba a comprender lo inasible. Se quedó con la boca abierta.

Y nosotros, sus hijos, aún no la hemos cerrado.

Más arriba. Tinta 30×40

más arriba, más sólo

más arriba, más sólo

Creció con la montaña tapando su horizonte y un buen día decidió ver qué había al otro lado. Se acabó convirtiendo en su obsesión y única ocupación. Fortaleció su mente a cambio de sus amigos. Endureció su cuerpo a cambio de un severo entrenamiento que le ensimismó hasta perder los sentidos. Y subió. Perdió sus pocas posesiones en los abismos, dejó el peso de sus recuerdos bajo las piedras encrespadas y el hielo despiadado le arrancó el cuerpo mismo a bocados. Estaba solo y no le importó ya que su única razón se había convertido en subir montañas, había olvidado todo lo demás. Y finalmente un día parecido a los demás llegó adonde se acababa la cuesta y alzó la mirada. Y vió más montañas y más altas.

Origen. Acrílico 13×20

Hágase

Hágase

Una voz insinuó:

  • Dale manos, que pueda agarrar las cosas para luego poder darlas, así aprenderá de la caridad.

Otra sugirió:

  • Que sea ambicioso pero que alcance poco, así aprenderá de la templanza.

La más discordante susurró:

  • Que la relación entre el círculo y el cuadrado no sea exacta, así aprenderá a pensar.

Otra:

  • Que la belleza del firmamento le impulse a viajar.

Y otra agregó:

  • Que sus semejantes no le sean indiferentes, que aprenda a escuchar, a ignorar, a odiar… y a amar si cabe.

El coro sentenció

  • Que sea él y no otra cosa sino él.

 

Y fue.

 

 

Congestión en la feria. iPhone4

embotellamiento

embotellamiento

En plena hora punta, como anticiparon los noticiarios, todo quedó colapsado. Los autos de choque quedaron embotellados en un fenomenal atasco. Nadie podía avanzar, nadie podía retroceder, nadie pudo chocar. Mientras, la música chirriante no paraba de sonar.

Destacado un urbano, como casi todas las tardes, comenzó a trabajar. Su pito se mezclaba con una samba de lata que el feriante acertó a sonar. Las chispas comenzaron a saltar y los cochecitos empezaron a chocar. Los niños, felices, se pusieron a girar. Gira que te gira. Gira sin parar, Y de tanto girar, una niña pequeña logró al urbano atinar.

Luces que dan vueltas. iPhone4

feria

feria. La Malagueta 2013

El farero escuchó la algarabía mientras hacía girar su linterna gigante.

Bajo a comprar un boleto y esperó  ansioso a montar el caballito volante.

Giró y giró mientras reía sin parar y es que se sintió en casa por un instante.

El Astronauta. Tinta 13×20

¿Hola?¿Hay alguien?

¿Hola?¿Hay alguien?

El astronauta estaba tan asombrado por la inmensidad que perdió el pié y ya no supo regresar. ¿Cuál es mi estrella? que ya no la veo ¿Será esta?¿Será la de más allá? Qué mas dá. Todas me valen porque todas son bellas. Tendrá que preguntar a los peregrinos que cruce a su paso.

Pocos le reconocen y menos le responden. Sigue viajando y sigue desvelando el abismo a su paso mientras canta una canción de viaje que le alegra en el fracaso.

Un día cualquiera, como tantos otros, ve a lo lejos una pequeña bombilla que a duras penas alumbra una escalera. Baja y asombrado descubre una taquilla con su taquillera y un banco corrido lleno de naúfragos sin destino y una papelera llena de folletos tirados de cualquier manera y al fondo un mapa con los trayectos valorados.

Mapa

Mapa

Se hurga en los bosillos y descubre aliviado un puñado de monedas que hace tiempo ha olvidado. Saca un billete sencillo y monta en el último vagón esperanzado.

Cuánta Luz. Cuento Breve. Tinta 13×20 y Nex5 18-55

Venas que transportan el fluido por toda la ciudad. Venas que llevan la luz adonde hay oscuridad. Cables que conectan casas donde los humanos nacen, crecen, aman y mueren. Desempeñan su cometido con la misma diligencia apartando las tinieblas tanto de una cabaña perdida en el más apartado rincón de la ciudad como de los céntricos y desahogados palacios. SONY DSC En todos ellos se mantiene desde tiempo inmemorial la lucha de la Luz contra la Sombra, en todos en fin, se sostiene la esperanza frente al abismo. SONY DSC Gente gris, sin prisa pero sin pausa trabaja en las alturas para mantener el circuito sin averías, para extender la red ahondando la caverna que una vez, hace mucho tiempo, nos aventuramos a explorar.

Vitoria 2013

Vitoria 2013

Isaías es uno de estos artífices de la luz. Una vez fue un chamán que iluminaba salvajes rituales secretos para permitir el paso de la infancia a la madurez. Otra, un esclavo raquítico que rellenaba de aceite las lamparillas del templo dedicado a la Diosa. Luego pasó a ser el monje encargado de las velas en el monasterio donde se transcribía el Beato. Fue el humilde empleado que abría las espitas de gas de las farolas que iluminaron las más bellas noches londinenses para luego ocupar su puesto bajo los terribles bombardeos que acontecieron en el siglo pasado. Hoy vigila que el conocimiento fluya libre por la Red. SONY DSC Así sucesivamente, los miembros de la Hermandad de la Luz acuden a la brecha a cerrar filas contra las Tinieblas en una batalla que durará mientras la chispa del ingenio humano se sostenga.

Esto meditaba Isaías una fría noche de otoño dentro de la furgoneta de la Compañía de la Luz con un termo de caldo caliente en las manos cuando sonó el móvil de la Compañía.

-¿Es usted el electricista?- Le preguntó una voz ajada.

-Vaya que sí- Le contestó cordial.

-Pues a ver si puede hacer algo porque no tengo luz en casa y Mitzi va a tener gatitos esta noche.

-Voy para allá.

Llevo tanto tiempo buscando que se me ha olvidado el qué.

Llevo tanto tiempo buscando que se me ha olvidado el qué.

Por fin Amanece. Tinta 13×20 + iPhone4

¡Lo que cuesta que amanezca!

¡Lo que cuesta que amanezca!

Edelmiro, el barrendero de mi barrio se demora contemplando el amanecer. Queda tarea si quiere que la acera esté presentable antes de que los transeúntes salgan desbocados de sus guaridas hacia sus cuchitriles y lo echen todo a perder. Pero aún tiene algo de tiempo. Un reflejo en el horizonte le indica que la luz está a punto de asomar. Una estela de avión se ruboriza ante la mirada atónita del funcionario encargado de dar brillo al pavimento.

Como todas las mañanas que recuerda, el espectáculo le deja atónito. –Y encima me pagan por trabajar aquí…¡pero si esto es precioso! –Comenta. –Cada amanecer es más bonito que el anterior y todos me causan el estupor que produce el ser testigo de una ocasión única y fundamental. Se enciende la luz y todo cobra vida por primera y última vez. Como todas las mañanas y como ninguna.

Mientras se va aclarando el horizonte, la naturaleza gorjea perezosa desde los jardines y los obreros más madrugadores se afanan por llegar a su lugar. Los ruidos de la mañana van cobrando fuerza y un leve aroma a café se extiende desde bares escondidos.

Nuestro personaje lentamente guarda sus bártulos en el carrito y lo empuja con parsimonia calle abajo sin poder disimular la sonrisa tonta que se le ha puesto. Como todas las mañanas desde que tiene memoria. –Tendría que pagar yo por trabajar aquí, sin duda. –Dice entre dientes.

En las instalaciones municipales deja sus enseres y cambia el mono de trabajo por unas ropas discretas pero pulcras para luego diluirse entre la muchedumbre que asalta el autobús.

El Sol procura apresurar un primer rayo que le acaricie la espalda a su amigo Edelmiro, de los pocos que honra su nacimiento entre toda la gente que obstinada fija sus ojos en el limpio suelo.

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