La realidad. Tinta 13×20

¡Tío! ¡Lo has clavado!

¡Tío! ¡Lo has clavado!

Ayer, paseando por el barrio, me crucé con dos ancianos que iban de la mano. Se miraban como se miraban hace años, como ella casi ya no recuerda ¡maldita cabeza! y él se mueve más con la imaginación que con el tacataca humillante que le impone su nuera. Pero son los que antaño fueron, es más, se recuerdan como siempre han sido y serán. No como las patéticas caricaturas que los espejos, de siempre falsos, muestran.

Se miran, sonríen y muy callado para no levantar escándalo se van al rincón que el pasado ofrece a los pecios tercos que aún se empeñan en flotar sobre las mareas. La familia vuelve la cabeza con pudor ante estos desvaríos desafinados ¡Pobres papás! ¿quienes se creen? Ellos se aceptan pero los demás no: raza ajena al hogar que levantó.

No se creen; se saben. Saben quiénes fueron, procuran no pensar en qué pararán e intentan seguir siendo lo posible,

La opinión del respetable, a callar y a ofrecer tabaco.

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